martes, 29 de diciembre de 2009

miércoles, 11 de noviembre de 2009

LOS PÉRFIDOS ANODINOS


Su aspecto es el de la ceniza de un cigarrillo mientras se consume, son de un gris insulso con algún fulgor rojizo esporádico en la mirada. Su habla difusa y constante se convierte en un murmullo sin sentido que, junto a su fuerte olor corporal (semejante al de un cenicero repleto de colillas), vuelve la atmósfera cargada y asfixiante.
Su simple visión produce al instante un enorme aburrimiento y somnolencia, que poco a poco se convierte en confusión y dolor de cabeza. Si la exposición a su presencia es prolongada, provocan desazón y hastío de vivir.

CUIDADO DRAWALL TUS MAYORES TEMORES ESTÁN AL ACECHO!!

jueves, 5 de noviembre de 2009

Habitantes del bosque: PUSHBALL!




PUSHBALL.- (debe pronunciarse a la japonesa: pussbaaaa!). es un entrañable especímen que frecuentemente se encuentra en las “fragas” drawallienses. Orondo y rosita con un topito blanco a la altura del abdomen, se mueve botando a poca altura del suelo. cada uno de sus botes produce una onomatopeya característica: “PUSH” (de ahí su nombre).
Suele aparecer cuando algún humano hace alguna intervención cómica o ridícula, también gusta de mostrarse en aquellos momentos de silencios especialmente incómodos, acentuando la incomodidad de la situación (en este sentido se parece al CRI CRI con el que en otras regiones los grillos enfatizan los silencios).

EL ALEGATO DE DRAWALL

jueves, 29 de octubre de 2009

OUH YEAAAHHH!

Permítanme ustedes hacer una pequeña digresión en "wars of drawall" pero hay una noticia que me llena de orgullo y satisfacción, y es que el pasado lunes finalmente recibí las tan ansiadas figuras de Gorillaz que había pujado en Ebay. Brindo por ello!



martes, 27 de octubre de 2009

LAS NOCHES EN EL BOSQUE

Las noches en el bosque se hacían largas, y por este motivo los intrépidos aventureros y el entrañable sureño recurrían a sandeces varias para pasar el tiempo, como por ejemplo jugar a decir el nombre de un genio de la música con el que les gustaría compartir la hoguera para amenizar la noche con unas tonadillas:


miércoles, 21 de octubre de 2009

EL ESCUADRÓN KAMIKAZE


Habían pasado tres largos años desde el comienzo del conflicto entre la Alianza y la tenebrosa facción anodina y fueron muchos los que cayeron. La facción anodina había conseguido progresivamente acorralar a la Alianza. Uno tras otro, los batallones de la Alianza eran aniquilados, el Sabio padre Churchill había sido vilmente asesinado y el maestro Yofra hubo de tomar las riendas de las fuerzas puristas. Mordazia y Tutelado, antaño combatientes de primera línea, pasaron a ocupar un cargo entre el círculo de los consejeros.
Con el grueso del ejército desmembrado, perseguidos y obligados a actuar en la sombra, el consejo decidió adoptar una estrategia de guerrillas. El más bravo de todos los escuadrones estaba formado por nuestro amigo Drawall (cada vez más en desacuerdo con las órdenes de los sabios del consejo), el caballero púrpura, el sureño y Jo san. El resto de escuadrones desaparecieron uno tras otro. Ya no era una guerra, era pura supervivencia.
Actuando ya de manera anárquica, totalmente al margen de la orden de los pinceles enhiestos, el escuadrón de Drawall infligía pequeñas pero constantes purgas en las amplias huestes del ejército enemigo. En tiempo de tormenta fueron luz de esperanza. Como viento divino atacaban y después se ocultaban en los bosques, y por eso fueron conocidos como “kamikaze”.
Esta situación se mantuvo durante otro año más. Los integrantes del kamikaze se hicieron viejos luchando. Aparecieron las arrugas en su piel cada vez más curtida, en sus rostros la juventud apenas se podía entrever como un recuerdo cada vez más lejano. El sureño era sin duda el más ajado de todos. Acostumbrado como estaba al lujo y a la adoración en aquella pequeña región donde tanto tiempo atrás Drawall lo había reclutado para sus filas, no se adaptaba a la vida en el bosque:
- pero ¿y ehto qué eh lo que eeeeh?- Había exclamado al verlo por primera vez.
En sus desérticas tierras sureñas jamás había visto algo igual. Tampoco bañarse en el agua del río (para él congelada) ayudaba mucho a su salud, y sus compañeros temían por su ánimo, antaño jovial y desenfrenado.
Pero siguieron adelante. Siempre dispuestos, siempre valientes, con el fulgor de la venganza brillándole en los ojos.